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Cuando la pelota no quiere (0-1)

El filial dibuja un partidazo plagado de ocasiones pero pierde, una vez más, ante el Laredo de forma cruel

El fútbol, sobre todo cuando estás abajo, suele dar la espalda siempre a quienes buscan cambiar una dinámica. Es un intangible tan volátil como cierto: si algo puede salir mal, saldrá mal.

El Burgos CF Promesas camina desde hace unos meses sobre ese alambre, que baila, tiembla y se rompe a menudo hacia el mismo lado. Este domingo, en la Ciudad Deportiva de Castañares, el alambre ha vuelto a romperse otra vez

Probablemente, ante el Laredo el equipo de Alex Albistegui haya vuelto a evidenciar que comete errores, que otorga a veces facilidades innecesarias y que no termina de encontrar la continuidad al siempre atrevido modelo que plantea. Es cierto. No está colista por casualidad. Pero también ha vuelto a demostrar, otra vez, como hiciera en tantos otros encuentros -incluso, en el césped de Zorrilla ante todo un Real Valladolid Promesas-, que se entrega con orden, sacrificio y disciplina. Y por encima de cualquier otro mérito, que es capaz de generar un millón de ocasiones, de dominar a su rival, encerrarlo, embotellarlo y alejarlo de su portería durante muchos minutos. El filial del Burgos ha demostrado que, por extraño y excusatorio que parezca, solo el acierto provoca que esté donde no merece estar.

Es cierto que el fútbol es un juego de aciertos y errores, donde mandan las áreas. Pero más allá de tópicos, sería injusto decir que este equipo está falto de talento, que no tiene ideas o que es una calamidad.

El debut de Óscar López en la portería blanquinegra traía aroma a algo nuevo. Y ese feeling se extendió al resto de líneas. Durante los primeros 45 minutos, exceptuando dos o tres acciones con peligro aislado, el Burgos CF Promesas pasó por encima del Laredo y mereció irse al descanso con una renta de varios goles.

En el segundo minuto de juego, un saque de esquina botado por López-Pinto a punto estuvo de cabecearlo a gol Saúl del Cerro. Con el portero del Charles batido, el burgalés echó el esférico fuera. Poco después, López-Pinto cargaba con fiereza un disparo desde fuera del área pero la bola se marchaba alto.

Las internadas del catalán y de Pol Bassa por la izquierda se sucedían, pero el peligro llegaba también por el flanco derecho, con Marino caído a banda y Vertiz doblando el lateral. Arriba, Óscar era un tanque que fijaba centrales y buscaba su oportunidad en el área.

En el 19, Puras hizo una de las intervenciones de la tarde a un testarazo de Marcos Gil. Y en el 22, tras dos salvadas consecutivas de la zaga laredana, Alejandro Marcos conectaba una volea a la media vuelta que salía rozando el poste. Otras dos claras. Empuje máximo. Pero el marcador, gafas.

No se quedó ahí la cosa. En el 27, Pol Bassa trazó su enésimo slalom, le tiró un caño a su par y se plantó solo ante el meta Puras. La definición, fuerte y colocada, a media altura, se encontró con otra manopla del meta visitante.

Mientras se llegaba a la media hora de juego en un encuentro que no entendía de justicia, el Laredo había contado dos oportunidades más o menos claras. Álvaro García lo había intentado pero sería Diego Marta quien estaría más cerca de conseguir el tanto. El 7 del Laredo recogió una bola perdida en el segundo palo y envió el redondo a la escuadra: allí apareció el vuelo de Óscar López, en una respuesta estratosférica del debutante. Fue la más clara del Laredo en todo el partido. Lauture vería la primera amarilla justo antes del descanso.

La segunda parte bajó en intesidad pero el Burgos siguió intentándolo con todas sus fuerzas. Forzaba indiscrminadamente llegadas por banda que se convertían en saques de esquina, con la defensa del Laredo muy atenta. En uno de ellos, el cuadro de Albistegui pudo adelantarse otra vez. Puras volvió a evitar el gol blanquinegro.

Restaba media hora y la película ya se había visto otras tardes. Era difícil hacer más cosas para optar a un triunfo y el Laredo, encima, comenzaba a creerse que podía sacar algo positivo del feudo burgalés. Santi Pérez y Ethan entraron por Vertiz y Saúl del Cerro. Dio igual, apenas cuatro minutos más tarde, con el equipo local volcado, Álvaro García aprovechaba un falta de entendimiento entre Óscar y la zaga para anotar un gol demasiado cruel que adelantaba al Laredo.

El tanto, acuchillado en el electrónico y en el incrédulo rostro de los jugadores, no hundió del todo al filial, que lo intentó todo. Albistegui quemó naves y quitó a un central -Alejandro Marcos- para meter a un delantero, Lucas Ricoy. No sirvió. La pelota no quiso. No quiere. Y no queda otra que seguir remando para que cambie de forma de pensar.

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